Contextualización
En la última década, los sistemas de inteligencia artificial (IA) basados en aprendizaje profundo han alcanzado un desempeño comparable al de especialistas humanos en tareas de diagnóstico por imagen, como la clasificación de lesiones cutáneas (Esteva et al., 2017) o la lectura de mamografías (McKinney et al., 2020). La promesa es clara: diagnósticos más rápidos, más baratos y disponibles en lugares donde escasean los especialistas.
Sin embargo, estos sistemas aprenden de datos históricos que reflejan desigualdades existentes, funcionan como "cajas negras" difíciles de auditar y desplazan parte del juicio clínico hacia un artefacto técnico diseñado por empresas privadas (Topol, 2019; Morley et al., 2020).